Si quieres ganar primero debes aprender a perder. "Es la ley del ensayo-error". Comprueba por ti mismo que no sucede ninguna catástrofe y que el mundo sigue en su sitio.
Aceptar los contratiempos sin lamentarse ni quejarse nos hace madurar en este sentido y nos daremos cuenta de que perder no significa fracasar, si no que solo es un paso mas que hemos avanzado hacia el objetivo deseado.
Así son las cosas en este mundo por más que tú te enfades, deprimas o llores y todo seguirá estando bien, si no condicionas tu estabilidad, reputación y felicidad al hecho de ganar sistemáticamente. Ganar conlleva saber capitalizar fracasos y pérdidas. Además, ¿Quien soportaría la monotonía y al aburrimiento que supondría para una persona ir galopando por la vida como caballo ganador desde el nacimiento hasta la muerte?.
No eres más porque tengas más éxito ni tampoco tienes más razón.
Como bien dice Benavente, "los náufragos no eligen puesto", y en muchas ocasiones no somos responsables del fracaso ni del éxito. Esto no implica que no haya que reconocer que el tesón y la disciplina y tener unos objetivos muy claros conduce muchas veces a tener unos buenos resultados, pero ¡no siempre!. Pretender ganar siempre conlleva estrés y pretender un imposible, y solo debería hablarse con propiedad de fracaso si una persona que comete errores y fallos más o menos graves, se refugia y encierra en el lamento y no es capaz de convertir los errores en experiencias, en gotas de sabiduría para no tropezar en la misma piedra un nuevas ocasiones.
Hay algo que delata siempre el fracaso sin remedio y el el lamento, la queja, el inmovilismo y, además, la facilidad con que se cagan las culpas sobre espaldas ajenas o sobre circunstancias adversas. Cada fracaso importante suele encerrar una enseñanza o lección que necesitamos con urgencia.
El que acepta esto procura ganar cuando puede y le encanta a hacerlo, pero también sabe es sentierse bien cuando pierde, porque no ignora que no hay pérdida sin ganancia.
La experiencia y los años me han enseñado que el rasgo que define mejor a una persona es, además de no necesirtar desesperadamente ganar siempre para sentirse bien, la capacidad de ver en cada decepción o fallo un poderoso estímulo, un acicate para intentarlo de nuevo y proponerse metas más difíciles con mayor voluntad y coraje.
A todo esto hay que añadir la sabiduría de los siglos, que es muy clara en el tema que nos ocupa, y afirma que al éxito se llega a través de miles de fracasos y desaciertos, que sin audacia, tesón e inteligencia no hay posibilidades de conseguir objetivos importantes, salvo que suene la flauta por casualidad, nos toque la lotería, o vaya delante de nosotros un santo haciendo milagros...
Finalmente, no nos olvidemos de la paciencia que es el ungüento maravilloso que todo lo facilita y suaviza. Tiene razón Amado Nervo al afirmar que "la mayor parte de los fracasos nos vienen por querer adelantar la hora de los éxitos"...¡¡Paciencia!!!
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